“I promise” y otra clase de ilusiones.

Cual incertera se ha vuelto mi identidad estos últimos meses ya no designo como placer culposo que me guste ver películas románticas en vacaciones. Y más de una vez, si es posible. Curiosamente he encontrado un par de buenas en este periodo de descanso (Beginners por ejemplo o Love, Simon…) y entre tanto final alentador muchas veces, y trágico muchas otras me decidí a hacer una lista de los mejores finales en películas románticas.

En el fondo (o quizás no tanto) soy una cursi empedernida que ha padecido cada una de esas historias, y por eso vi a bien dar cuenta de las mejores resoluciones, ya sea por impredecibles, realistas, conmovedoras o simplemente hermosas.

Dependiendo de su experiencia con esa cosa llamada “amor”, se recomiendo leer esta entrada con audífonos puestos y al son de:

(a) The Only Exception -Paramore

(b) Love will tear us apart -Joy Division

NOTA: Si usted no ha visto alguna de las de este listado le invito a que lo haga, en el orden propuesto. No se preocupe, a través de un *Spoiler alert* le haré saber que no lea la review de alguna de ellas, caso contrario espero este recorrido sea de su agrado.

Top 10 de los mejores finales de películas románticas

10. Stuck in love

De principio a fin, vaya a saber por qué (o quizás sí lo sepa) esta película me cautivó. Aunque siempre predecible en algunos aspectos, el valor radica en cómo te muestra el amor desde tres distintas etapas: adolescencia, juventud, adultez. Realista e impredecible en algunos matices, fantástica en otros, Stuck in love posee un humor mesurado y adecuado, con los tintes de drama pertinentes y personajes medio desequilibrados que bien nos pudieran recordar a nosotros en uno u otro aspecto.

9.  Kimi no Na Wa *Spoiler alert*

Se me es imposible pensar que la leyenda del hilo rojo sea cierta, o al menos tan cierta y perfecta como lo plantea esta película en su resolución. Sin embargo la historia sí me hizo “socar” y sufrir varias veces pensando que uno de los protagonistas habría muerto en uno de los tantos fragmentos temporales con los que esta película juega. La animación es preciosa, sin embargo, al igual que la historia a pesar de ser demasiado fantástica para mi tipo.

8. 10 things I hate about you

Estuvo a punto de quedarse atrás en la lista pues los protagonistas no pasan por tantas inclemencias a diferencias de en las demás, luego recordé que esta no es una lista sobre los amores más sufridos del cine así que inevitablemente tenía que estar esta historia de secundaria estadounidense. Creo que se merece su crédito los bien logrados personajes y la trama entretenida, además de la inolvidable escena de Heath Ledger bailando y cantando Can’t take my eyes off you y el desgarrador poema de Kat, que tal parece es una adaptación de uno de los actos de La fierecilla domada, al igual que toda la película en sí:

 I hate it when you lie. I hate it when you make me laugh, even worse when you make me cry. I hate it when you’re not around, and the fact that you didn’t call. But mostly I hate the way I don’t hate you. Not even close, not even a little bit, not even at all.

Seh, seh…ahí salieron las lágrimas que no habían tenido por qué salir en todo lo anterior de la película.

7. One Day *Spoiler alert*

De principio a fin esta película es interesante a pesar de los elementos trillados, ya muy bien lo he resumido anteriormente (clic aquí); se gana un puesto porque no,  no creo que nadie nunca hubiera sospechado final tan trágico (¡yo aún no supero el impacto!) que hizo que aunque toda la trama fuera predecible, al final dejara de serlo por su resolución. Así, la película nos ilustra lo fugaz que puede ser la historia que construimos con nuestro verdadero amor porque sí, después de todo seguimos siendo frágiles humanos con o sin él al lado.

6. Far from the madding crowd *Spoiler alert*

A pesar que esta película es, al igual que Pride & Prejudice, una película que más allá del romance ilustra la posición de la mujer en la Inglaterra del siglo XIX, la incluyo porque la parte amorosa es el hilo central de la trama y porque muestra más giros y matices en el tema que la adaptación de Austen. Si no está en una posición más alta es porque desafortunadamente no siempre el amor de nuestra vida va a tener tal paciencia como la tuvo Mr. Oak frente a Bathsheba, ni las circunstancias se pueden presentar tan favorecedoras (que asesinen al grave error amoroso de Bathesba -su esposo, suele pasar-, que Mr. Oak se entere del empleo que hay en la granja de Bathesba y que ella misma lo fuera buscar lo suficientemente rápido como para alcanzarlo) para que finalmente vivan felices para siempre el uno con el otro. Circunstancias como esas no siempre nos van a facilitar que no perdamos la oportunidad de finalmente quedarnos con  “el indicado”.

5. The First Time

Definitivamente la edad de desarrollo psicológico  no precisamente tiene que coincidir con las edades que socioculturalmente hablando se pretenden establecer en materia de “experiencia amorosa”.  Porque de ser el caso contrario, ya tendría más de tres años de retraso acorde con el reloj estadounidense (jaja). De cualquier forma, independientemente de a qué edad ocurra esa “primera vez” que ilustra esta película, la construcción de los personajes, los diálogos, el particular humor en el momento preciso y el no tan predecible ritmo (al menos durante los primeros 45 minutos) hace que la misma se merezca para mi sorpresa un puesto número 5.

4. Eternal sunshine of the spotless mind *Spoiler alert*

Yo creo que sí, este es de los finales más realistas que he visto: una pareja intoxicada por una relación que ya no tiene ni pies ni cabeza (como la estructura de la trama de esta película) que sin embargo se terminan dando otra oportunidad, acaso porque la historia no podía terminar de otra forma. Creo que lo interesante de este final es que le recuerda al espectador una realidad -para bien o para mal- más frecuente de lo que se cree: que los recuerdos y el deseo de estar con alguien a veces pueden más que el historial de dolor que se tenga con esa persona.

3. Call me by your name *Spoiler alert*

Ok, sí. Debo admitirlo por salud mental: fui de las que acompañé a Elio en primer plano con los créditos de la película hasta el final, y sí, con todo y llanto. Fui de las que comenzó a lagrimear al ver la última escena con el padre, y soy de las que sigue escuchando Visions of Gideon revolcándome en la melancolía disfrutando de la sensación; acaso porque la historia me conmovió (y sí, quizás identificó). Esas reflexiones sin embargo van para una próxima entrada, por el momento únicamente destaco que merece el puesto número 3 por ser (a diferencia de muchos romances adolescentes que he visto) trágicamente realista en un hecho tan obvio como que todos los días rota la tierra: muchos amores románticos -en especial los de verano- no son más que retazos de nuestra vida, y sólo a través del respectivo duelo quizás los podamos superar. Para seguir adelante. Esta historia ha sido mi brújula este años, a pesar de su tono trágico.

2.  (500) Days of Summer.

Si es usted lector un amigo/a, estoy segura que no le sorprende en absoluto que esta película esté en la lista, y en tan alto puesto. Pero por más que haya gente que opine que es una película cliché, no tan buena y  un poco tonta, para mí sigue siendo una pieza que, entre otras cosas, relata otra realidad innegable: que la vida está compuesta de círculos. Hoy nos enamoramos de la/el que nunca nos hizo caso (o nos hizo caso a medias) y mañana del que nos será infiel, pasado del que creímos -por tercera vez- sí era “el indicado” y así sucesivamente…porque no me lo pueden negar: muchos de nosotros/as creemos en la posibilidad de encontrar a la persona que (media naranja o no) nos haga sufrir un poquito menos que los círculos anteriores. Claro, hay quienes se detienen un instante, y dejan de abrir nuevos círculos por un tiempo. Pero eventualmente, uno nuevo comenzará hasta que (ojalá fuera así con todos) ya no sea necesario seguir abriendo uno nuevo.

“Bonus track”: Across the universe.

Antes de pasar a la número uno, tengo que mencionar una que casi casi pasa  a la lista: el musical en honor a los Beatles cuyo eje transversal plantea la historia de Jude y Lucy, quienes nos enseñaron a comprender su historias a través de las hermosas líricas de la banda originaria de Liverpool. Creo que el trasfondo histórico de la película se ve hasta cierto punto exaltado por el arte y la belleza que se desprende de narrar la historia de amor entre estos dos personajes. Si usted lector desea ver un buen musical, recordar un poco de historia, ver un romance y como si fuera poco disfrutar de un buen soundtrack, aquí está su película.

 1. La la land  *Spoiler alert*

De hecho es por el final de esta película que surgió la idea de redactar esta entrada. De darme cuenta que esta película es buena por muchas razones incluyendo esto, un final que no podía ser otro. La resolución de los sueños de dos individuos que en algún momento convergieron pero que inevitablemente debieron escoger entre mostrarnos un típico final feliz o un final un tanto más [auténticamente] romántico: la incógnita de si la felicidad radica en cumplir nuestro más grande sueño o acaso en adaptarlo para estar con aquellas personas que nos ayudan a ver la vida con ojos de felicidad. Yo sigo creyendo que si hubiera un La la land parte 2, Mia se divorciaría y buscaría a Seb, en un tiempo demasiado tardío para ambos. Cuando su hilo rojo ya se habría reventado.

¿Y qué pasó con Amelie? Sucede que no la pude incluir en esta lista porque evidentemente esta película -al igual que Across the Universe– es mucho más que una historia de amor. Algo similar ocurrió con The Great Gatsby, Moulin Rogue, Pride & Prejudice, Romeo + Juliet, Tristan + Isolde y por supuesto, The Lobster.

Y no, tampoco pude poner en la lista a Blue Valentine porque es tan jodidamente realista que duele. En realidad si me basara sólo en el criterio “realidad” esa se lleva el puesto número 1 sin dudarlo. Pero pasa que ni siquiera podía entrar en la lista porque la relación que te presentan ahí ¡ya está destruida desde el minuto uno!

Imagen tomada de página Somos Cinéfilos.

Anuncios

De mí para mí.

Canción de la semana: Rosanna – Weezer (2018, cover de la versión original de Toto)

Querida Jacquie.

Parece que ningún final te había dolido tanto como el de Llámame por tu nombre (libro). Quizás porque son los catorceavos días o porque son vacaciones, quién sabe. No importa demasiado sin embargo te escribo esto acaso porque después de ello sea necesario aclarar.

¿Creíste que iba a doler tanto todo esto? ¿Perderte hace un poco más de un año sin poderte encontrar de nuevo de la misma manera? ¿Creíste que algún día te ibas a saber más de lo que podías darte?

A estas alturas Jacquie sólo te puedo otorgar la genuina sonrisa que hoy por la mañana recibiste (de esas como hay pocas) y ese “¿Seguís escribiendo?” que te despertó aquel espíritu soñador lleno de anhelos que desde hacía meses estaba dormido; esa noción de que sabés para dónde vas, y que es un camino prometedor, tan claro como el turquesa. Y aún así melancólico como te caracteriza.

No importa si hoy no sabés para dónde vas, no estás obligada a saberlo todo el tiempo. Es más, si aún podés reconocer el valor de una sonrisa y de un sentimiento refrescante del pasado en medio de tanto calor, yo creo que vas en el camino adecuado. Sea informe o no, duela en este instante o no. Meet you all the way, por primera vez, Jacquie. Creo que es justo.

Febrero 2017- julio 2018.

¿Me tocarías?

Desde que empezó el 2018 sabía que sería melancólico. Estos días he andado reflexionando sobre los  “hace un año” y que hace 365 días tuve la oportunidad -tras seis meses extremadamente retadores como nunca antes los había tenido en mi vida- de tomarme un aparente descanso del alma en una semana de Ejercicios Espirituales.

Digo aparente porque contrario a lo que esperaba esa semana experimenté la misma sensación de turbulencia que todos los seis meses anteriores pero en una abalancha. Y sin embargo estaba convencida que debía estar ahí y que tras esa ruptura algo en mí cambiaría. No pude haber acertado más.

Los Ejercicios Espirituales me obligaron a enfrentarme por primera vez con mis propios demonios (los cuales decidieron salir en medio de mi preciado silencio y como permeando todo a mi alrededor, mi vista estaba nublada no sólo por la neblina que cubrió a la casa de retiro el cuarto día sino por los demonios mismos con su danza circular); y supe que por ser la primera vez  es que dolía tanto. No sabía sin embargo que una se puede volver tolerante frente a ese dolor y que después de todo se prolongaría a más allá de los seis meses de retos.

Hoy, tras un año de haber recibido en la experiencia una brújula (representada de hecho por dos símbolos de barro: uno hecho por mi hermano acompañante, y otro realizado por mis propios demonios abrigándome bajo aquel día de lluvia), afirmo que esos demonios siguen aquí conmigo. Pero puedo afirmar con satisfacción que ya no los evado y que los sigo enfrentando (a mi brújula le han perdido una pestaña y  le han roto un dedo). Los sigo enfrentando día con día, verso con verso. Que hay días que incluso danzo con ellos, porque el cansancio de la lucha a veces puede más.

Y es que voy comprendiendo de a poco uno de los tantos misterios de la vida, y es que quizás esos demonios siempre estén ahí, susurrando melodías agudas. Y hayan días que podamos vivir en paz con ellos y otros que parecerá nos bloquean el panorama como muros de concreto. Y ambos días están bien. Porque ambos días son parte de este juego extraordinario que es la vida. En buen momento vengo a disfrutar Hey you como un himno a la lucha y a la derrota, ambas en una misma pieza.

Estos últimos meses pues he intentado dejar ser a la vida y abrazarme a sus clemencias e inclemencias. Tratar de vez en cuando de no comprenderlas, sólo sentirlas. Porque no hay para donde, como diría las vecinas a la hora del café. Sí, duele de vez en cuando creerte estancada y sentir que perdés tu tiempo no sintiéndote bien, pero quiero creer que hay algo detrás de todo eso. Una realidad superior, quizás.

El mar y la hora del té

Si nadás desde la orilla de mi mar
floto desarmada
(apenas floto)

¿Por qué no te puedo dejar ir?

y cual adicta a tu esencia
me arrastro a tu manto

Si sabés que si sigo danzando
tus olas hasta lo más hondo, sos vos el que se hunde:

¿me seguís arrastrando?

Si hoy tu ausencia sopla el viento, ¿a qué te quedas?

Si aún no sos poesía
Decime entonces, ¿a qué horas el té?

Si hoy soy deseo
Decime entonces, ¿qué viene después?

4 de julio

 

Imagen: Andrew Wyeth, Wind from the Sea (1947) ,tomada de acá.

Te pido de favor

Tu calor de ser adormecido para olvidarme del sentido
De tu piel cubrime para disfrazarle una respuesta al dolor
De tu regazo sostenerme hacia un mundo no tan absurdo.

Te pido de favor.

que te quedés en la silueta informe que te imaginé en mi sien
que huyás al vacío si he desearte en el vientre de mi abismo
y que me susurrés a la realidad:

que qué se yo de tu caricia si hoy no es mía.
que qué se yo de la noche si hoy no vendrá.

Julio 2018.

 

No hay retorno.

 

Encender la radio. Poner la estación usual. Un segundo, dos segundos. Pausa. Me enamoro de la canción. Su atmósfera me sugiere algo, un nosequé compatible con qué. Leo la letra y lo descubro: con mis otros nosequés.

Hace un año el día fue más nublado. Hace un año bebía una bomba de cafeína e inmediatamente después recibía una sobredosis inesperada de endorfinas. Hace un año había un sentido, un algo para culpar a las nubes. Un interminable retorno. ¿A quién culpo en adelante? ¿Qué encontraré ahora si sigo corriendo?

Compleja constelación

Desde el 2013 mayo tiene una connotación no particularmente positiva en mi vida. Simbolizo tanto los acontecimientos y los recuerdos que inevitablemente cada mes guarda algo distinto, algo que sin embargo puede irse resignificando o incluso transformándose.

Para bien o para mal, mayo no sólo representa “el mes de las madres” (y lo que significan esas festividades a nivel general, y el día de la madre a nivel particular) sino el antes y un después en mi historial en materia de salud física. Sí, fue desde este mes que mi vida dio un particular cambio en muchos aspectos al tomar conciencia de que en adelante se vería determinada en gran medida por padecimientos estomacales crónicos.

Si de resignificar se trata, en varias ocasiones me he tenido que detener a pensar sobre qué de positivo (o de aprendizaje) puede traer a mi vida dichos padecimientos y creo que ahora más que nunca lo veo claro: una forma de centralizar mi pensamiento en lo verdaderamente importante. Es decir, mi bienestar físico-mental. Por sobre otros pensamientos rumiantes que no abonan mucho en este particular estadio de mi existencia, mi prioridad es lograr mi salud integral y para ello debo renunciar a ciertas aficiones de donde, efectivamente, no puede obtener más que recuerdos gastados o ideas enlodadas; en resumen, debo aprender a desarrollar de a poco ciertos espectros comportamentales y esquemas de pensamiento saludables.

Como si eso fuera poco o como si la vida supiera que con eso no iba a estar lo suficientemente ocupada como para evitar los  pensamientos, recibo una pequeña pasantía, debo rendir en la carrera y aparte soy instructora. Sí, sos una compleja constelación, vida. Constelación que aún estoy intentando figurar y que hoy en mayo 2018 se entreteje más que nunca. Sigo descrifrándola, y creo que aún estoy a tiempo. Porque el 2018 es el año en que se consolidan nuevas y bellas constelaciones.

Imagen tomada de acá.