Escapar

Una pequeña brisa como las de aquellos octubres, el ruido apocalíptico de una máquina de fumigación de la alcaldía y el recuerdo de cómo me aterrorizaban esos días acaso por un trauma bien explicable psicoanalíticamente fueron suficientes para remontarme a las vacaciones de mi infancia. Quería escuchar música y la decisión fue casi automática.

Pensé entonces en aquellos días en que mi vida se definía en ir al colegio por la mañana y sentir ese aire de auténtica libertad por la tarde, el saber que podía hacer lo que quisiera con mi tiempo y que esto sería leer Crepúsculo en pdf con la compu de cajón de mi padre y escuchar música de Kudai descargada ilegalmente.

Quiero escapar y despertar
Sin saber del tiempo
Quiero respirar sin nunca regresar
Y quiero vivir, quiero existir
Sentir el silencio
Ya no quiero hablar
Solo quiero encontrar un día de paz

Curioso. Creo que en aquella época si bien la música de Kudai me transmitía una atmósfera de nostalgia, la letra y el sentimiento en sí, aunque disfrutables, carecían de significado. 10 años después le presto atención a la letra y la comprendo mejor, es más: me identifico con ella. Porque sí, ahora todo se siente real . Las dificultades, los sueños redirigidos o apagados, los problemas, las responsabilidades. Todo se siente tan real. Afortunadamente todo. Porque también los buenos momentos ahora se sienten más reales. Los logros, los instantes de paz, la música…

¿Que si extraño entonces la infancia? Sí, muchísimo. Pero es parte del ciclo llamado vida que esta no sea eterna. Sería interesante ahora que de adultos logramos ver atrás y apreciar mejor esa preciada época tener la oportunidad de volver a ella, a ver si la logramos apreciar más. ¿Acaso en eso pudiera consistir una vida después de la muerte?

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Noche vieja

Qué se de la vida hasta ahora.

Se un puñado de fantasías sin nombre
Se el hubiera de un algo remotamente posible

Se que hoy la excusa se disfraza de miedo
Y que el miedo es una excusa cálida
de vez en cuando opaca
de vez en cuando dulce

Hoy por hoy se de la vida hasta ahora
que duele y que nos mantiene
a la espera de un instante trascendente

Un nuevo año nuevo.

Qué fue del 2018

2018, ¡Qué año! uno de los más difíciles de mi corta existencia. ¿En qué me he refugiado? Efectivamente en las películas y en menor medida en la lectura. Respiros, catársis, soluciones, crisis, esperanzas, motivaciones…eso y más han representado cada una de estas historias. Tendencias: dramas y romances, porque así soy y las disfruto.

Películas

  • Dunkirk 5
  • Looper 4
  • Flipped 3.5
  • The princess bride 3.5
  • Gifted hands 3.5
  • Nuestros amores 3.5
  • Loving Vincent 4
  • Fight Club 4
  • To kill a mockingbird 4
  • Tristan and Isolde 5
  • Call me by your name 4.5
  • Lady Bird 3.5
  • The Age of Adeline 4
  • Koe no katachi 3
  • The Godfather I 4
  • The Godfather II 3.5
  • The Godfather III 3
  • Happy Death Day 3
  • Un verano en Masuria 4
  • Blue Valentine 4.5
  • Beauty and the Beast 4
  • The Book Thief 3.5
  • Mr. Nobody 4.5
  • Love, Simon 4.5
  • Everything Everything 4
  • Beginners 4
  • Ruby Sparks 4
  • Frances Ha 4
  • The First Time 4.5
  • The Spectacular Now 4
  • The Wall 4
  • Lars and the real girl 4
  • Children of Men 4
  • To all the boys that I’ve loved before 4
  • About time 4
  • Eight grade 3.5
  • Adam 4
  • The Breakfast Club 4
  • Me and Earl and the dying girl 4
  • Love and other drugs 4.5
  • He’s just not that into you 4
  • The Choice 3
  • Donnie Darko 4.5
  • Need for speed 4
  • Alpha 4
  • The Kissing booth 3.5
  • Love actually 3.5
  • Before sunrise 4
  • Before sunset 4
  • This is the end 4

Series

  • Westworld II 3.5
  • 13 reasons why 3.5

Libros

  • Zama -Antonio Di Benedetto
  • Enamorate de ti -Walter Riso
  • Desapegarse sin anestesia -Walter Riso
  • Lejos del mundanal ruido -Thomas Hardy
  • Llamame por tu nombre -André Aciman
  • El poder del pensamiento flexible -Walter Riso

Mis 10 canciones del 2018.

Esta vez quise retarme a sintetizar en 10 canciones todo lo que este año ha representado. De hecho, no resultó tan difícil. Creo que algo que ha distinguido este 2018 es que he podido asimilar todo lo que ha pasado, no sé si otorgarle un significado, pero sí una melodía. De hecho, muchas de las canciones hablan por sí solas. Como siempre, a pesar de tener el formato de “top” el orden de las canciones es más bien aleatorio o en todo caso cronológico.

  1. Seminare –Serú Girán

“Si pudieras olvidar tu mente frente a mí, se que tu corazón diría que sí”

  1. The Middle –Jimmy Eat World

“It just takes some time little girl, you’re in the middle of the ride. Everything will be just fine”

  1. Une barque sur l’ocean – Maurice Ravel

Llámame por tu nombre. ¡Qué película más desgarradora! Quise quedarme con la melodía más equilibrada, la no tan melancólica pero delicada como la historia.

  1. Single, no return –Ten Fé

Desprenderme de muchos “yos” y perderme un rato en la búsqueda de nuevos significados. Por cada puente que quemo, debo seguir. No hay retorno.

  1. Pink Lemonade –James Bay

A propósito del personaje ambivalente en el que tendemos a convertirnos. Lo chivo es que con esta se puede bailar.

  1. A pillow of winds –Pink Floyd

El antes y el después. La canción que me acompañó cuando buscaba calma quizás como un presagio de lo que iba a enfrentar en los siguientes meses. Y que sigo enfrentando. Pink Floyd sigue siendo mi compañero de viaje perfecto en los momentos difíciles. Y en los geniales también.

  1. Opening del soundtrack de Lejos del mundanal ruido –Craig Armstrong

La historia que me ha acompañado estos últimos 5 meses con o sin malestar. En días nublados o soleados.

  1. Equidae –Cisne Elocuente

“Si hay sentimientos de vos, si hay sentimientos de por medio…”

  1. Be my escape –Relient K

Este año han pasado cosas que me han hecho pensar que después de todo algunos acontecimientos no pueden ser casualidad o causalidad y que sí, la psicología tiene un límite. Y es ahí donde entra la espiritualidad humana.

  1. Concorde –The Holydrug Couple

Cada vez que quiero volver a empezar a mover el cuerpo.

Bonus:

October 3rd –Chilly González

Una tristeza dulce. O una dulzura un tanto triste. Ambas este año.

Tócame –Sin Bandera

Sip, es parte del aprender a flexibilizarme.

Imagen tomada de: cuenta en tumblr del ilustrador 2headedsnake.

Mis 17 canciones del 2017 aquí.
Mis 16 canciones del 2016 aquí.

Porqué “13 reasons why”

“Otra serie gringa cliché sobre adolescentes con problemas” fue el comentario que emití a ver apenas dos minutos máximo del primer episodio una vez que mi hermano la veía. Él pensó lo mismo. Prejuicios, uno de los temas que se desarrollan en la dinámica adolescente.

No sé si 13 reasons why se puede catalogar como “buena” o “mala” serie respecto a calidad de contenido y forma, o si está lo suficientemente bien hecha como para cumplir los que sea eran los objetivos de Netflix al producirla. Independientemente de ello, quiero destacar en este espacio lo que a mi criterio es el principal acierto de la serie y es el hecho que aborda temáticas que a propósito del mundo del entretenimiento hemos aprendido a normalizar, y es por ello que verlas plasmadas como eje central en una serie nos pueda parecer ridículo o acaso exagerado.

Sí, he escuchado comentarios en torno a que es ridículo que una persona se pueda suicidar y generar tanto alboroto por algo que todos hemos vivido en el colegio (y digo colegio porque sólo puedo hablar del contexto en el que me desenvolví, que fue ese). ¡Si fuera así, ya todos nos hubiéramos suicidado! Y claro, la palabra que está de moda: hay que aprender a ser resilientes, hay que ser fuertes. Normalización, es esto lo que la serie pretende derribar. Creo que el valor de los trece episodios radica en ilustrarnos que, aunque lo queramos ver como algo sumamente normal a nuestras edades, el tema del bullying puede tener grandes repercusiones a nivel de individuos (piensen en una Hannah con un hogar estable y aparentemente sin dificultades de salud mental) y está altamente relacionado con grandes males sociales (piensen en un Justin y su familia desintegrada con problemas de drogadicción), porque después de todo son dinámicas en las que todos/as estamos implicados o que algún momento hemos conocido.

Para muestra un botón. No, yo nunca fui víctima de bullying. Más bien fui una suerte de Clay Jensen cuya rareza jamás fue criticada, o al menos jamás lo supe, porque tal cual el personaje me mantenía al margen de muchas dinámicas escolares que implicaban una interacción social ulterior. Mi grupo de amigos era bastante reducido y quizás no cerrado, pero yo no intimaba con todos y apenas brindaba mi confianza a personas que puedo contar con la palma de mi mano. Sí, varias de esas personas que hoy puedo considerar cercanas a mí sí enfrentaron bullying y sí, también me mantuve al margen de ello. Acaso por la misma razón que todos los personajes de la serie: por miedo. Miedo a que involucrarme demasiado en la dinámica escolar o que el defender a alguien desembocara en volverme parte de las personas vulneradas. No hacer nada. Paralizarme y silenciar una realidad que yo sabía sin embargo no estaba bien.

Claro, en la realidad (o al menos la que me tocó vivir a mí) el fenómeno del acoso escolar se difumina, y las coreografías que en verdad se desarrollan son mucho más complejas -a pesar de ello menos incoherentes- de como las pinta la serie; muchas veces no sabés quién es víctima y quién victimario, o ambos cumplen ambos roles en distintos momentos y escenarios, y es en ese intercambio de personajes donde se corre el riesgo de revictimizar: vos lo provocaste, es que te la querés llevar de listo, para qué te andás juntando con ellos si no sos parte, es que sos bien dramática, así son las cosas acostumbrate…de tal forma que la culpa recaiga en aquel que simplemente no se logra adaptar a la dinámica perversa que hemos creado. Porque sí, ese fue el principal error de Hannah Baker, creer una y otra vez que podía encajar en submundos en los que sólo podía tener entrada renunciando a quien era: una persona extremadamente ingenua. Este mundo no es para los débiles, resuena en mi cabeza. Por supuesto, en este punto es necesario mencionar que la caracterización del personaje protagonista es errada en muchos aspectos. A pesar que no pretendo profundizar en ello, alguien más ya lo ha hecho de manera bastante acertada acá.

Como decía, no creo que haya sólo un tipo de culpable. Creo que todos los somos en algún punto, unos tienen más cargos que otros, claro está, pero de que todos contribuimos es algo lastimosamente real. Todos contribuimos silenciando la realidad, minimizándola o ignorándola. Todos incluyendo la institución que no es sino hasta que su nombre se ve implicado cuando toma medidas, por demás limitadas a lo legal y orientadas a mantener limpio el renombre institucional. Sí, todos cometemos errores. Todos seguimos cometiendo errores, ¿pero acaso eso es suficiente excusa para seguir reproduciendo los mismos una y otra y otra vez?

Mi hermano es siete años menor que yo, tiene exactamente la misma edad que yo tuve cuando decidí mantenerme al margen de todas estas dinámicas. Recientemente él junto con sus compañeros tuvieron que digerir una noticia que acaso nos remita inmediatamente a los sentimientos que puede evocar en nosotros el acontecimiento central de 13 reasons why. Viendo ambos la serie, me expresó que se consideraba al igual que yo una especie de Clay y pensé: pueden ser 7, 15 o 20 años después y las cosas en el colegio seguirán igual porque no le damos la suficiente relevancia a esta clase de problemáticas, acaso porque nos sobrepasa o acaso porque trasciende el microsistema y se traslada a un problema social mucho más complejo. Un problema social que implica otros fenómenos también normalizados dentro de la coreografía escolar, problemas que la serie apenas alcanza a abordar con pinceladas muchas veces descuidadas, como lo es el fenómeno migratorio, la objetualización femenina (de hecho esto se puede malinterpretar por la forma en que se aborda), la heteronormatividad, el narcotráfico, la patologización y, por supuesto, en el que sí profundiza: la inefectiva respuesta institucional frente al acoso.

Sí, la resolución en el caso al que se tuvo que enfrentar mi hermano fue muy similar a una de las escenas de la serie, fue tal cual la resolución que acostumbramos a darle a esta clase de problemáticas: ni modo, hay que seguir adelante y superarlo. ¿Acaso todos y todas tendremos la capacidad?

Posdata: Noup, no he visto la segunda temporada. Ni creo hacerlo. Considero que por el momento la serie me ha dejado suficiente que digerir y dudo que las intenciones de una segunda temporada trasciendan el factor entretenimiento, lo cual me parece ofensivo. Y sí, no niego que el que una de las cadenas de entretenimiento más grandes actualmente aborde una temática así puede ser contrario al objetivo que se pretende lograr, si es realmente el que manejan en el discurso. Puede devenir en aún más normalización o romantización, e incluso morbo en torno a problemáticas tan complejas como el suicidio. No es una serie que se debiera ver a la ligera y qué decir de alguien que esté en crisis, en definitiva un anuncio de advertencia no va a ser suficiente disuasivo para abstenerse de verla y caer en su cascada de dramatismo.

Imagen tomada de cuenta oficial de la serie en Netflix.

La tierra, el dolor y tu sien

Si me preguntás adónde estoy
te diría a un paso más
de compartirme tu paz

De ver tu rostro reflejado en el mío
de ganar mi batalla y otorgarte la recompensa

Si me preguntás quién soy
te tomaría entre mis manos
te dedicaría este letargo monocorde
y el hastío
y el yanomás
y el alivio

Y todo lo que me dicen ver
para que lo afinés con mi esencia

Y si al final de todo
Si me preguntás quién sos
te diría la cura, la queja y la muerte
la excusa para el llanto y la pena
o una pena más dulce

Porque sos cualquier otro

Los transeúntes de la noche
O su tez que no tiene nombre
O el asco de un niño agonizando

Sos el personaje conocido
de estas calles que nos han visto arder

Sos la causa de la locura
al fin y al cabo otro muerto

Cadáver intentando respirar
en este terreno doliente

Cadáver haciéndome  latir
en este cuerpo de sed

Amor y otros antiácidos

A medida he ido creciendo he llegado a creer sólo en casualidades y causalidades. Ya no en el “destino” o un “plan divino”. Estos últimos meses han sido difíciles, sin embargo, y dicen que muchas veces el cambio radica en la dificultad; uno de los cambios que estoy teniendo entonces es dejar de creer que absolutamente todo puede ser explicado a la luz de la casualidad o la causalidad.

(Sí, esta tarde de octubre ha sido una auténtica tarde de finales de octubre como ya extrañaba)

Creo que no es casualidad que llevara meses ignorando Love & Other Drugs como opción en la lista de “películas cursis no tan dramáticas” y haya sido hasta ahora que -quién sabe por qué- decidí verla cuando ni siquiera la había recomendado youtube.

Minuto 5: Industria farmacéutica (AKA el mercado de la enfermedad) satirizada y relaciones promiscuas. Dos de mis tópicos favoritos en una película (nótese el sarcasmo) y preguntándome: ¿por qué estoy viendo esto? Respuesta mental: porque tenés que flexibilizar tus esquemas cognitivos por tu salud. Está bien, sigamosla viendo, total ya me hizo reir y esto está resultando más efectivo que una spacmotyl media hora antes de la comida.

Love & Other Drugs pareciera ser la típica comedia romántica. Excepto que no lo es. El abordaje hacia la industria farmacéutica que en un principio creí descuidado resulta ser -a partir de una mirada atenta de espectador- una satírica y por ende oscura muestra de lo que dicha industria es capaz de provocar. A mi juicio, y a pesar de ciertos vacíos que dejan los diálogos cumbre, una encubierta crítica casi al nivel de Dallas Buyers Club. ¿Notaron que varios personajes de una un otra forma eran dependientes -o codependientes, jaja- a algún tipo de fármaco?

Y es que efectivamente aún en pleno siglo XXI (a dos décadas de haber sacado el Viagra al mercado) muchos medicamentos representan el alivio a los malestares cotidianos, aún cuando no representan una “cura a todos nuestros males”, acaso porque la cura implica un trabajo mucho mayor. ¡Quién mejor que yo para garantizarlo cuando ninguno de los medicamentos que me han recetado (que han sido varios) me ha ‘curado’ del todo! Enfermedad crónica o no, somatización o no, con o sin diagnóstico, y con cura o sin ella, hay algo de lo que sí estoy más que clara respecto a toda enfermedad: los fármacos no lo son todo. Hasta ellos tienen su límite. Muchos padecimientos médicos siguen sin poseer cura farmacológica e incluso la efectividad de muchos tratamientos frente a enfermedades crónicas (que aún no se terminan de comprender del todo) es muy limitada.

Sí, inevitablemente me identifiqué con Maggie a pesar que lo que sea que tengo no se compara, en absoluto, con una enfermedad degenerativa. Maggie tenía miedo por muchas cosas (incluyendo el futuro, su futuro con Parkinson), tenía miedo de verse a sí misma débil o evocar en el otro afecto por esa debilidad y no por lo que ella en realidad es. Tenía miedo de que su enfermedad la definiera, y de convertirse en una carga emocional para aquellos a quienes apreciaba y la apreciaban. Y es en este punto donde no parece ser casualidad que justo en estos tiempos me haya decido por verla sin siquiera conocer de qué iba la historia. Sí, tengo muchos miedos en torno a verme  a mí misma toda la vida con padecimientos gastrointestinales no tratables farmacológicamente,  pero tal cual escribí no hace mucho, las cosas no pueden ser de otra forma. Y lo que soy -y estoy siendo- no lo fuera sino por todo lo que he vivido, incluyendo los retos que mis padecimientos han implicado, y la apertura de caminos que me han propiciado. ¿Acaso Maggie hubiera conocido a Jamie si no hubiera sido porque necesitaba una prescripción para sus medicamentos? Casualidades o destino, el hecho es que lo conoció. Quién sabe qué clase de sorpresas me tiene preparada la vida con o sin una pancita gruñona.

¿Sobre el final? *spoiler alert* En definitiva no es de mis favoritos, acaso porque después de todo siempre se me sale el lado pesimista para este tipo de historias de amor imposibles. A pesar de todo el final no tan realista se ve compensado por la buena trama.

Compilación de ensayos sobre psicología social. Esfuerzos que valen la pena.

Es genial cuando en la academia reconocen el esfuerzo intelectual que los y las estudiantes realizan; y que la mirada del cuerpo docente trascienda de aquel rol de dominancia -que curiosamente ya varios académicos han criticado- a una donde logre comprender el valor de dichos esfuerzos y pueda junto con los y las alumnas crear un producto académico de calidad, más allá del 8.5 y el ¡excelente! o simplemente pasarle la materia.

El siguiente compilado de ensayos es fruto de lo anterior. En él se abordan temáticas polémicas rara vez abordadas de forma crítica y comprometida en el mundo académico de El Salvador en pleno siglo XXI. Polémicas que sin embargo las padece el país día con día, entre ellas la violencia de género incluso en las propias instituciones estatales o el abuso sexual en una de las instituciones que más determina nuestro discurso cotidiano y nuestras creencias; se aborda además la criminalización actual hacia la juventud, hacia los migrantes, las concepciones dañinas que podemos tener hacia grupos vulnerables como los pacientes de cáncer e incluso la injusticia encubierta tras la figura mártir de todas las madres salvadoreñas.

Con todo y las inevitables imperfecciones que debe tener en tanto humanas que somos, invito al lector a leer el producto final de este esfuerzo de cátedra que trascendió de la misma y se ha convertido en un producto final del que todas nos sentimos orgullosas:

Compilación ensayos Psicología Social 1. Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. El Salvador, 2018.

Documento en academia.edu: clic aquí.

P.D: Tal cual escribí hace un par de días, hay cosas que la academia no permite decir que me decido por escribir en este espacio virtual; esta vez me atrevo a difundir por este medio aquello que sí me ha permitido decir.

Ilustración de la entrada realizada para el diseño y diagramación de la compilación. Autoría de Kenia Quijada, una de las coautoras. 

Sedantes de tiempo.

(Ilustración tomada de aquí. Página en instagram del artista Relaxalien. Gran onda su trabajo).

Hasta el 2014 mi vida transcurrió sin mayor dificultad, una vida “normal” como la llamarían bajo las expectativas que las personas tienen en torno a vos: mostrar felicidad, rendir académicamente, estar saludable física y emocionalmente y no dar signos de mayor problema. Hasta yo me sorprendía de lo “fácil que la tenía” al ver que a mi alrededor los y las demás sí experimentaban ciertas dificultades (y no precisamente sólo los adultos).

No fue sino hasta mis quince años (o quizás dos días antes) que empecé a tomar conciencia que quizás algo no andaba tan bien cuando me sentí enferma en medio de mi fiesta de cumpleaños y no quise cenar nada. Desde ese instante esa aparente normalidad empezó a tomar un matiz distinto. De repente ya no me sentía tan bien. De repente enfermé de tal manera que pasé varios días intermitente respecto a asistir a clases (¡con lo extraño que sentía faltar un tan sólo día con mi expediente de cero inasistencias!); de repente algo de tan fácil diagnóstico como una infección pareció no ser la respuesta a mi malestar…pasaron los días y me conformé con no sentirme al 100% bien pero sí lo que llamaríamos funcional, algo que devenía en “volver a la normalidad”, seguir con mi vida. Excepto que ya no me sentía como antes.

Pasaron los meses y de repente me encontré a mí misma con que estaba a menos de una semana de irme de viaje a conocer Buenos Aires, y sin embargo a punto de hacerme mi primer examen médico serio. Con todo y anestesia. De hecho mi narración sobre la experiencia fue uno de mis primeros textos en este blog (clic aquí si gusta leerlo).

A un mes de cumplirse cuatro años desde aquel día vuelvo a enfrentarme al mismo examen y a los sedantes. Tres dosis, para ser exactos. No porque mi consciencia no quisiera ceder sino porque “el reflejo de tos no dejaba proceder”. Veo atrás y muchas cosas han pasado a raíz de estos padecimientos extraños; desde aquel momento empecé a tomar más conciencia de mí misma, de cómo me siento y cómo estoy; de hecho jamás me hubiera atrevido a poner un pie en la oficina de un psicólogo sino por ello, y por ende jamás me hubiera asomado al asombroso mundo de la psicología y quién sabe en qué profesión estaría ahora rondando. Sí, a pesar de todo he aprendido tanto de mí misma y de la vida a raíz de mis padecimientos estomacales que veo atrás y no puedo pensar en una forma alternativa en que pudieran haber ocurrido las cosas. Porque soy quien soy gracias a todo lo que ha pasado, y me siento satisfecha de poder decir que quien soy ahora es exactamente quien puedo ser en este instante, no para estancarme sino para seguir creciendo.

Curioso, mi madre tras despertar me comentó todo lo que había balbuceado entre el limbo de la conciencia y la inconsciencia. Yo apenas recuerdo que le comenté al anestesiólogo antes de dormir algo como “ahorita mi tálamo se está desconectando de mi corteza cerebral” mientras me adormecía, tras el procedimiento le pregunté que cómo se llamaba la anestesia, no me respondió y yo le decía “claro, por razones éticas” (mi mamá luego me comentó que en realidad le dije algo como “esta droga deberían usar todos”, jajaja ¡qué mega pena!) y que cuando la asistente me trasladaba a otra habitación le decía “estoy dando mis primeros pacitos de bebé” y me reía. Mi madre me comentó que me reía muchísimo, y le comentó al doctor que era curioso cómo en la vida consciente era una persona seria y formal y que en ese estado me había puesto toda risueña y burlona.

¿Acaso no es eso la consciencia? El poner a operar todos nuestros esquemas y nuestras formas -funcionales o no- de operar en el mundo, el entrar en el personaje que nos hemos creado nosotros mismos a partir de nuestra historia, el enfrentarnos a partir de un libreto al escenario de la vida.

Aún un tanto sedada mi madre me dijo “no tenés nada, todo en el examen salió bien” y yo no pude más que pensar: ¿será posible que todo esto no sea más que mental? Y entonces pensé en los esquemas cognoscitivos, y en todo esto que acabo de comentar con usted, lector. Creería que más para bien que para mal he tendido que alejarme de varias cosas este año y asumir otras, todo en función de mi salud. Algunas de esas cosas todavía chocan con mis esquemas cognoscitivos, como es el hecho de no andar en mucha actividad extracurricular, intentar cortar ciertos círculos nocivos, dejar de consumir ciertas cosas (como el tocino o el té que amo 😦 ) o simplemente tomarme “más tiempo para mí”. Estos últimos meses han sido difíciles por eso. Ahora más que nunca han habido cambios en mi vida, en mi rutina y en mis esquemas…y ahora más que nunca me están costando los cambios, y sé sin embargo que están costando porque son para bien. Y porque como dicen por ahí, todo reto es aprendizaje.

Día con día me lo digo a mí misma para darme ánimos y fuerzas, porque aquella sensación de extrañeza de ver que los demás a mi alrededor experimentaban dificultades y yo no ahora ha desaparecido un poco. Se reconocer sin embargo los muchos tesoros que la vida me ha regalado, porque es cierto cuando dicen que en momentos de dificultades es cuando uno más puede reconocer quiénes son esas personas valiosas alrededor, e incluso aquellos privilegios en este país que no debieran serlo como poderse costear (aún con esfuerzos de mis padres) un buen tratamiento médico.